era un chico de la cuadra, en C., más bien desagradable. Hoy lo recuerdo sucio, desprolijo, más allá de lo que un púber tolera. Solía pasar muchas horas en casa. Su padre no tenía trabajo (no sé de qué vivían) y creo que él no soportaba la situación. Solía comer sánguches de queso y dulce con mostaza. Creo que de ahí viene el asco.
El caso es que una tarde, en las vías, detrás de una casilla abandonada, comenzamos, aburridos, a masturbarnos. Teníamos retazos pegoteados de eyaculaciones de una vieja porno que encontramos tirada en la calle.
Pantalones en los tobillos, lampiños, minúsculos, calientes. Nacho dice:
-Probá metérmela por el culo.