Nacho

Publicado en eros, relato el Junio 12, 2008 por Malatesta

era un chico de la cuadra, en C., más bien desagradable. Hoy lo recuerdo sucio, desprolijo, más allá de lo que un púber tolera. Solía pasar muchas horas en casa. Su padre no tenía trabajo (no sé de qué vivían) y creo que él no soportaba la situación. Solía comer sánguches de queso y dulce con mostaza. Creo que de ahí viene el asco.

El caso es que una tarde, en las vías, detrás de una casilla abandonada, comenzamos, aburridos, a masturbarnos. Teníamos retazos pegoteados de eyaculaciones de una vieja porno que encontramos tirada en la calle.

Pantalones en los tobillos, lampiños, minúsculos, calientes. Nacho dice:

-Probá metérmela por el culo.

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Confesión

Publicado en escribidor el Junio 12, 2008 por Malatesta

Nadie sabe que este blog existe. Nadie. Y tal es el modo en que debe existir. Si no fuera así, sería parcial, estarí limitado, y se notaría que es mediocre. Lo escribo de noche, cuando nadie me ve, cuando todos, inclusive algunos de mis egos, duermen.

No deben dormir bien, nada bien…

Micromomento de macrocalentura

Publicado en eros el Abril 7, 2008 por Malatesta

A veces me despierto por las noches, en medio de la madrugada, bañado en transpiración: sofocado por la calentura. Me muevo, no llego a abrir los ojos, y suelo levantar el culo para tocarme la pija, y me confundo: no sé si quiero coger o que me cojan.

Después de un rato entiendo que quisiera que mi mano fuese mi culo, y cogepajearme a mí mismo.

Micromomento masturbatorio I

Publicado en eros, relato el Abril 6, 2008 por Malatesta

Debajo del sol, junto a un árbol en el fondo del patio, L juntaba bichos bolita y los guardaba en el bolsillo de su guardapolvos.
-Che, L.
-¿Hum…?
-Ayer acabé.
Él no dijo nada, miró el pasto, y luchó por sacar uno a uno a los bichos de un hueco en la tierra.
-Che…
-¿Qué?
-Ayer me pajeé, y acabé.
-¿Qué cosa?
-¿Cómo qué cosa? Leche.
L se levantó aprovechando que María Victoria pasaba corriendo con un elástico en las manos. No dijo nada, ni ese día ni después. Aquel era el recreo largo.

Qué puta que es mami

Publicado en eros, relato el Abril 6, 2008 por Malatesta

¡Chuto! Caca, no se toca. Madre dejaba de hacer lo que estuviese haciendo por educarme y tratar de enderezar la sospechosa simpatía por lo escatológico que corría por mis venas. Ni los gritos, ni los llantos histéricos, tal vez ni siquiera un poco de sangre chorreando de la frente después de un justo golpe contra el lavatorio eran suficiente argumento como para provocar esa urgencia, aquel arrebato amoroso por lo que no es caca, por lo que no chuto y a favor lo que se puede, de lo permitido: Badía & Cía, el tocadiscos -aunque Chiquitita, de Abba, creo, era algo de dudosa reputación. Pero el resto estaba permitido. Juegos, todos. O casi. Revistas, algunas. Tele: poca. Porcel era algo que disparaba aquellos reflejos en madre, Benny Hill, tal vez. No lo recuerdo, pero creo que puedo calcularlo. Lee más »

Arranque: masturbación infantil 101

Publicado en Uncategorized el Abril 6, 2008 por Malatesta

Sólo era cuestión de persistencia. No demasiada, pero siendo tan chico no es fácil ejercer la constancia. El placer de manosearme la pija se consolidó a medida que descubrí el modo correcto de hacerlo, y la concepción de paja fue abriéndose paso, inclusive antes de conocer el término. “Paja.” Aquella persistencia de la que hablo me llevó a la primera eyaculación. Estaba en el baño, duchándome. Sin equivocarme en la valoración de la importancia de aquello, por alguna razón grabé en mi memoria hasta los más minúsculos detalles. El agua salía irregularmente de la ducha: me pegaba un chorro grueso y alrededor una lluvia molesta y menor. El chorro parecia muy caliente, y el rocío muy frío. Los frascos inmensos de shampoo y crema de enjuague que mi vieja compraba en ofertas imperdibles obturaban el espacio que podría haber destinado a sentarme, así que todo sucedió estando parado. Me miraba la pija, de espaldas al agua que me corría de la nuca al culo y caía por las piernas. Fue rápido, puesto que fue eficiente en el estímulo y desconocía el concepto de retraso, de contención. Claro: no sabía que había algo retrasable o contenible. El placer y la curiosidad crecían a medida que me acercaba al por entonces desconocido orgasmo. La cabeza de la pija se enrojecía y crecía como un hongo entre mis dedos. Bastó un mínimo de presión en torno a la cabeza, con la mano en movimiento, para entrar en la zona de no retorno. Algo aumentaba en mí, algo fascinante. No sabía que era, pero tuve una convicción irrenunciable: seguir hasta donde se pueda. El camino de ladrillos amarillos. Lo que me esperaba, dos o tres golpes de muñeca más allá, era un chorro de leche saliendo de la punta de la pija. Lecha blanquísima que contrastaba con el rojo inyectado del glande. Me corrí desesperado del agua para que aquello no se lavase. Lo tuve en mis manos un rato largo, hasta que cuajó, se licuó, se desvaneció. Sentí una fascinación que hoy en día persigo, como el tesoro más preciado. Tenía seis años y estaba en primer grado. Era julio, hacía frío y en casa se comían omelettes quemados mientras veíamos Los tres chiflados. Después: al cole.

Escrito una vez

Publicado en Uncategorized el Abril 6, 2008 por Malatesta

Dicho antes de decir.

Los segundos, los minutos y las horas caen como las gotas en la frente del torturado. Los días se acumulan y dejan su residuo de frustraciones e intentos fallidos. Lo concedo: algunos de esos crecen hasta parecer éxitos. Pasan las semanas, los meses, los años y las décadas. Transcurren las historias, se suceden los desencuentros y eventualmente alguna que otra coincidencia. Y, sin embargo, a pesar del devenir: hay cosas que no cambian. Lee más »